“En la antigüedad, el cuidado del cabello era un elemento esencial”

TC

Foto: Teresa Carreras

Si aún no la has visto, hasta el 12 de enero puedes visitar la exposición Historias de tocador. Cosmética y belleza en la antigüedad en el Museo de Arqueología de Cataluña (MAC). Romanorum Vita ha hablado con su comisaria, Teresa Carreras.

¿Quiénes eran los más presumidos: egipcios, griegos o romanos?

Cada uno de estos pueblos lo era, aunque lo manifestaban de diferente forma, según las posibilidades del momento. Si tuviera que decantarme por uno escogería el pueblo romano, porque pudo servirse de todos los conocimientos de los demás.

¿Cuáles eran los principales cánones estéticos de la Antigüedad?

Los cánones estéticos nos dan armonía dentro de un orden. Hay, sin embargo, quien ve algo armonioso y bonito mientras otro lo puede ver discordante y feo. Es una calidad subjetiva: los cánones estéticos se determinan según la evolución de las modas. En la antigüedad había unos cánones propios de las diferentes culturas; de hecho, podemos hablar de un canon egipcio, de un griego de Praxíteles o de un romano de Vitruvio. Sin embargo, estos cánones no incidían directamente en el día a día, ni en las técnicas estéticas aplicadas al aspecto físico que se basaba en la cosmética y la peluquería.

El culto al cuerpo no es nada nuevo, ¿verdad?

Contestaré en clave romana: Galeno, médico de los emperadores Marco Aurelio y Cómodo, en su obra De Compositione medicamentorum secundum locos distingue dos maneras de interpretar la cosmética. La kosmètikè tekhné o el arte del aseo, que cuida el cuerpo, conserva la propia belleza, estimula el cuidarse y utilizar los remedios necesarios para mantener la belleza natural: proteger la piel de todo tipo de cambios recurriendo a mascarillas, cremas y pomadas con una doble finalidad estética y médica. Por el contrario, la kommôtikè tekhné tiene por objetivo el arte del engaño, utiliza la cosmética -el arte del maquillaje- para disimular, esconder o suplir lo que la naturaleza no ha dado. Defensores y detractores de ambas tendencias se enfrentaron con beligerancia aunque el hilo que las separaba era tan fino que a menudo se confundía.

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Foto: Museu d’Arqueologia de Catalunya (MAC)

¿Qué tipo de cosméticos utilizaban nuestros predecesores?

El maquillaje, originariamente, tenía una finalidad mágica, religiosa o profiláctica. Los egipcios se pintaban los ojos para prevenir las inflamaciones oculares que provocaba el clima ventoso del desierto y para repeler a los insectos. Con el paso del tiempo estas costumbres tomaron connotaciones más estéticas. En Grecia y Roma era costumbre pintarse con maquillaje muy vivo y contrastando los colores. En Roma se apreciaba tener la piel como más blanca mejor. El albayalde o blanco de plomo servía de base de maquillaje y permitía blanquear los rostros y uniformar la piel. Las mejillas y los labios se pintaban de color rojo. Los párpados se maquillaban con color verde, azul o rosa, y el contorno de los ojos se delineaba con Kohl, hecho de galena o antimonio pulverizado.

Según el momento, maquillarse mucho tampoco estaba muy bien visto, ya que se relacionaba con la prostitución. Era adecuado hacerlo de manera algo disimulada, intentando conseguir una elegancia sobria y natural.

¿Qué apariencia debía tener un ciudadano romano “honorable”? ¿Y su esposa?

En primer lugar debían lucir una apariencia saludable. En la antigüedad, el cuidado del cabello era un elemento esencial de la apariencia. Los griegos se perfumaban el pelo con esencias aromáticas hechas a base de flores, especias y aceites. Para suavizar el pelo y darle brillo aplicaban lociones, pomadas y cera de abejas. Griegos y romanos iban siempre bien peinados, ya que era considerado un signo de civilitas. Las mujeres de clase acomodada llevaban siempre el pelo bien recogido y aumentaban el volumen con postizos y trenzas gruesas. No llevaban nunca el pelo corto. Los sistemas romanos de recoger el pelo fueron cada vez más elaborados por influencia helénica y de Oriente.

Al igual que las mujeres, los hombres también debían mostrar su estatus con una imagen cuidada. Ovidio, en su Ars amatoria, argumentaba que un corte de pelo mal hecho podía estropear un rostro, y que el pelo y la barba debían confiar en manos expertas.

Foto: Museu d’Arqueologia de Catalunya (MAC)

¿Qué prácticas estéticas hemos heredado de la sociedad romana?

Podríamos decir que lo hemos heredado todo. Los baños públicos y privados, la higiene corporal, las técnicas de fabricación de perfumes, aceites perfumados y cremas, las mascarillas faciales, las artes de la peluquería, teñidos, postizos, pelucas, extensiones… Hemos heredado la cosmética en el sentido más amplio: a los antiguos sólo les faltaba nuestra tecnología.

¿De dónde surge la idea de hacer una exposición sobre estética y belleza? ¿Cuál ha sido la respuesta del público?

Historias de tocador quiere mostrar cómo el cuidado del cuerpo y el aspecto personal es algo común a todas las épocas. Arreglarse, peinarse, cuidar la higiene corporal, elegir el perfume que te gusta… son cosas que hacemos habitualmente. Ir al gimnasio, a la peluquería o a un centro estético son pequeños lujos que nos ayudan a sentirnos a gusto con nuestro cuerpo y con la imagen que proyectamos a los demás. Aunque puede parecer que estamos hablando de preocupaciones muy actuales, nada de esto es nuevo.

Desde la antigüedad, hombres y mujeres han tratado de mejorar su aspecto personal utilizando todos los recursos que la naturaleza les proporcionaba. El uso de cosméticos y de aceites perfumados, de tintes o mascarillas, de postizos y pelucas viene de tiempos lejanos. La exposición Historias de tocador. Cosmética y belleza en la antigüedad nos acerca a ello. En cuanto a la respuesta del público ha sido magnífica.

La escenografía, a cargo de Ignasi Cristià (que también ha trabajado en Romanorum Vita), es un aspecto significativo de la exposición. ¿Cómo se ha concebido?

El espacio expositivo diseñado por el escenógrafo Ignasi Cristià, como él explica: «… invita a viajar en el tiempo para descubrir el concepto que se tenía de la belleza en la antigüedad y las técnicas cosméticas que se utilizaron para alcanzar la belleza física del cuerpo humano que nos trascenderá a lo más espiritual. La mirada constante al pasado y la vuelta al presente es un concepto que encontramos dentro del guion expositivo y que, dentro del espacio museográfico, se materializa a través de un juego de transparencias, un juego visual que nos permite contemplar el ideal de belleza de una época pasada con el ideal de belleza contemporáneo y que, al mismo tiempo, nos permite entender de dónde venimos para descubrir que nuestros cánones son similares a los de la época clásica».

Foto: Museu d’Arqueologia de Catalunya (MAC)

¿La belleza y el culto al cuerpo eran más importantes en la antigüedad o en la sociedad contemporánea?

En la antigüedad, sin duda. Ellos definieron los cánones estéticos, llevaron a cabo la creación y desarrollo de una serie de normas éticas y estéticas que estaban presentes en todos los actos de la vida y se prolongaban hasta la muerte. Incidían en el ámbito sacro y en lo profano. La sociedad contemporánea ha bebido de estas costumbres de los antiguos.

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