El Carnaval con más historia: las Saturnales romanas

Este fin de semana, en luna nueva como manda la tradición, se celebra la que es seguramente la fiesta más desenfrenada del año: el Carnaval. Influenciados por siglos de cultura cristiana, a menudo olvidamos que los orígenes de muchas de nuestras tradiciones y celebraciones hay que buscarlo en el mundo clásico, cuna de la civilización occidental.

Pero de la misma forma que el cristianismo adaptó muchas celebraciones paganas a su credo, también es cierto que griegos y romanos bebieron de fuentes más antiguas para sus mitos y tradiciones.

Imagen: Mary Harrsch. Licencia CC BY-NC-SA 2.0

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En este sentido, y tomando el Carnaval como referencia, algunos historiadores creen que fueron las antiguas culturas de Sumeria y Egipto, 5.000 años atrás, las que dieron origen a su celebración. El Imperio Romano la adoptó, transformó y, con su expansión, la instauró por toda Europa.

Sea como fuere, la permisividad, el descontrol y los límites confusos entre clases sociales, roles y verdad y mentira siguen caracterizando la fiesta hoy en día; y todo apunta a que nuestro actual Carnaval es una herencia directa de la antigua Roma y de sus Saturnalia en honor a Saturno, dios de la agricultura.

La celebración de la Arcadia

En su blog Vida y obra de un Cronopio, David Val Palao nos explica el origen mítico de las Saturnalia: en estas fiestas “se rememoraba la Edad de Oro de la Humanidad, en la que Saturno gobernaba y en la que no existían las diferencias sociales […] reinaba la paz y siempre había comida. El primer día se nombraba en cada comunidad un rex saturnaliorum (el rey de las fiestas), que reinaba una semana. Se organizaban banquetes, juegos de azar (prohibidos todo el año) y bailes que a veces terminaban en orgías. Además, los roles se invertían y los esclavos podían burlarse de sus dueños y hacerse atender a la mesa. Lo mismo sucedía en las guarniciones militares”.

Imagen Boris Doesborg. Licencia CC BY-NC-SA 2.0

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Este origen mítico recreaba un mundo harmónico, marcado por la abundancia y sin jerarquías. Las Saturnalia también eran llamadas “fiestas de los esclavos” ya que en ellas, recibían raciones extras, tiempo libre y otros privilegios. Equivalían a nivel temporal a nuestra Navidad y Carnaval a un mismo tiempo.

El Carnaval romano, un conjunto de costumbres y fiestas

Durante unos pocos días, se acortaban las distancias entre mito y realidad: las máscaras y los disfraces simbolizaban aquello que se quería llegar a ser, lejos de la realidad cotidiana de cada uno; los bailes, la música y los banquetes no han faltado en ninguna celebración que se precie a lo largo de la historia, y los cambios de rol daban un respiro festivo a una sociedad con jerarquías, normas y prejuicios. Algo que parece no haber cambiado mucho en 2.000 años…

Junto a las Saturnalia se mezclaban también otros ritos paganos como las fiestas en honor al dios Baco, heredadas de los griegos, o las lupercales romanas, cuyo elemento central consistía en correr de manera desenfrenada para propiciar al dios de la guerra. Días de bullicio, diversión, regalos y desenfreno, bajo un paraguas mítico y sagrado.

Tal como explica Antonio Beltrán, Catedrático Emérito de Antropología de la Universidad de Zaragoza “el carnaval era un conjunto estructurado de costumbres y fiestas. El dies festus se dedicaba a los dioses, a las ceremonias religiosas y a las costumbres alegres”.

Imagen mmarftrejo. Licencia CC BY-NC-SA 2.0

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En lo referente a las fechas, también hay que hacer algunas precisiones: “en la antigua Roma el año empezaba con la lunación de marzo. El 27 de febrero se celebraban las Equirria, que se repetían el día 14 de marzo; consistían en carreras de caballos en el circo de Alejandro, o en el Campo de Marte”, en palabras de Beltrán.

¿Pero, cuál era el fin último de tanta diversión concentrada en estos días? David Val lo sintetiza de esta forma: “el hombre romano, dueño de una sabiduría propia de toda sociedad tradicional, quiso y supo integrarlas [las fiestas] en el ritmo mismo de la vida de la ciudad, el medio más seguro para controlar después los efectos y limitar las consecuencias”. Una especie de desahogo colectivo consentido y controlado, para volver después a acatar las normas de siempre.

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Cambio y significado de las fechas

Muchas son las coincidencias entre la fiesta romana y la contemporánea; pero hay que resaltar una diferencia esencial: las fechas. Las Saturnalia se celebraban originalmente el 17 de diciembre y, después, se prolongaron del 17 al 23 del mismo mes.

Con la instauración del Cristianismo y la ampliación del calendario, la agenda cambió, ya que este tipo de celebraciones no podían coincidir con un período tan señalado como la Navidad.

El nacimiento de Ianuarius y Februarius

Numa Pompilio fue el segundo rey de Roma (716 a. C. – 674 a. C.) y sucesor de Rómulo. De origen sabino, una de las pocas cosas que se conocen de su reinado fue su reforma del calendario, que dividió en doce meses lunares.

Imagen Jim Gardner. Licencia CC BY-NC 2.0

Este es el origen de Ianuarius, en honor a Jano, el dios de las puertas, porque este mes pasó a ser el que abría el año, y Februarius, dedicado a Februus (más conocido por Plutón), dios de las ceremonias de purificación.

Esta ampliación del calendario supuso también el desplazamiento de las Saturnalia al mes de febrero. Antonio Beltrán, de la Universidad de Zaragoza, explica que “el mes de febrero era un periodo de pasaje entre el año viejo y el nacimiento del nuevo, periodo de caos en el cual todo se mezclaba […] las Saturnalia asumieron la función de las festividades que anunciaban la renovación del cosmos, la primavera,  a través de ritos de purificación”.

Imagen. Gustavo Rivas. Licencia CC BY 2.0

De hecho, februarius proviene de februare, que significa sudar, purificar, expiar. A lo largo de este mes tenían lugar festivales dónde el fuego tenía un gran protagonismo: se quemaban figuras, muñecos y máscaras que representaban a los enemigos o los males que podían acechar a los hombres.

Ceremonias de purificación que bien pueden recordarnos la quema final del Rey Caranaval y la preparación para las estrecheces de la Cuaresma de tiempos más modernos.

No en vano, la palabra Carnaval proviene del latín vulgar carne-levare, que significa “abandonar la carne”. Expresión que no debemos a los romanos sino a la Iglesia Católica, que la acuñó a comienzos de la Edad Media, lejos ya de los “excesos” de la cultura clásica.

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